Hace unos días platicando con algunas amigas comentábamos la importancia del tiempo, de cómo y con quién lo invertimos, y todas coincidimos en que conforme pasa la vida, ésta te enseña a apreciar y valorar cada minuto, porque el tiempo te permite llenar tu vida con cosas que la enriquecen o la empobrecen, según sea tu elección.

Seguramente tu como yo has visto cuán rápido crecieron tus hijos, cuánto tiempo has invertido en tu trabajo o en los proyectos de otros, en cómo se pasa los dias y hasta los meses sin hablar con gente a la que amas, cuánto tiempo de “calidad” pasas con tu pareja, o cuánto tiempo has dejado pasar para hacer las cosas que tanto disfrutas.

Muchas veces invertimos más tiempo en una de estas actividades que en otras: en el trabajo, en la familia, en el descanso, en los amigos o en las diversiones o hobbies, y lograr un balance puede ser una tarea complicada, mas no imposible, por lo que es importante tener una consciencia clara del cómo y con quién compartimos este divino tesoro, que bien sabemos no es regresivo.

Estoy convencida que tener armonía en la vida, solo se consigue cuando se logra un balance en la distribuición del tiempo en todas estas areas, pero sobretodo con la calidad requerida.

Bajo esta reflexión, encontré un poema extraordinario que me hubiera gustado fuera de mi autoría, aunque no lo es. Algo con lo que me identifiqué en cada párrafo y por lo que deseo compartirlo contigo, con la certeza de que puede ayudarte también a profundizar en que el tiempo es vida, y que la vida esta llena de dulces…

“MI ALMA TIENE PRISA”

“Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora.

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces; los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa antes de la hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas… Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…, tengo prisa…, tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una”.

Poema *’Golosinas’*, Mario de Andrade Brasil, 1893-1945.